Creyentes

Los compañeros de Acampadabcn en su página del facebook, nos instan a leer con atención este artículo así:

Us recomanem l’article que avui publica Marta Rojals a Vilaweb// Os recomendamos el siguiente artículo de Marta Rojals. Está en catalán así que no dudéis en utilizar las diferentes herramientas que corren por la red para traducirlo.

 

Así hice, lo traducí al castellano, no porque no se a capaz de entender el catalán, lo leo perfectamente, si no por la gente de Argentina que me lee.

 

Creyentes

Nos lo dijeron y nos lo tragamos. Los hijos de familia modesta nos creímos el anuncio de los JASP, hicimos carrera, nos diplomamos, licenciamos, postgraduados, cogimos aviones, nos remasterizamos. Éramos el orgullo de nuestro país. Descolgábamos el teléfono y ya teníamos trabajo, o ya habíamos cambiado de trabajo, o nos habían ofrecido otro. El orden de las cosas era el previsto, así nos lo habían dicho y así nos lo creíamos, por los siglos de los siglos, amén. Los creyentes nos hicimos autónomos, alquilamos locales, reformamos pisos, brindamos con los amigos en restaurantes, pudimos comprar un par de luces en Vinçon, empezamos a tener hijos.

El primer día que el teléfono no sonó, pensamos que era una ilusión acústica. Y una mañana que nos levantamos más crujidos que de costumbre buscamos un espejo: nuestra burbuja particular nos había estallado en la cara.

La próximo cena de amigos es en un piso compartido, y ninguno bajamos los treinta y cinco. Cada uno pone un plato en la mesa, y ya nadie se pega de quien ha llevado la ensalada de lechuga. Mientras caracolas picadura en los balcones, nos preguntamos unos a otros como te va, si todavía haces de esto o de lo otro, si sabes de alguien que necesite a alguien para hacer “lo que sea”. Porque ha llegado un punto que pedir de hacer lo que estudiamos nos parece un vicio de aburguesados, un exceso de pedantería que nos tenemos que hacer perdonar. O al menos eso nos quieren hacer creer: que quien nos hemos pensado que somos, que aún gracias, que ganarás el pan con sudor, parirás con dolor y, en fin: que se ha hecho justicia divina.

Y así, la pareja de arquitectos del fondo ahora hacen camisetas y bolsas recicladas. El periodista, al cabo de veinte años, vuelve a dar clases de repaso después de dejar el pequeño en la guardería. La historiadora del arte puede hacer una celebración: lunes comienza de cajera en Lidl. Los padres ya no nos preguntan nada cuando, el domingo, nos pasan los tuppers semanales. Estos padres crédulos y con estudios primarios que se derrengado para poder colgar un día, por cada hijo, una orla en el comedor. Porque quien decía una orla, decía un futuro.

Al día siguiente, en una radio, un tertuliano esgolarà: Privilegiados, consentidos, hijos de la democracia! En el diario, un economista predicará el error de cálculo de querer abrir el baile a tantos trabajadores y ahora, tiene: licenciados en frustración que nos han vuelto demasiado hasta para doblar la espalda. Un consejero nos aleccionará que no podemos pretender culpar al sistema de nuestra desdicha laboral, si en su momento quisimos estudiar filología o filosofías o como sea que se llamen esas “mariconadas”. En el buzón, de nuevo, la propaganda de la universidad nos advertirá que, si no tenemos trabajo, es porque todavía nos faltaría otro máster. Buen intento, señores, pero las viejas inercias, lo de en “verdad os digo”, ya lo ha dado todo de sí, ya no cuela. De tanto que le hemos creído, tal ha sido el descrédito, que al final sólo nos deja una opción: la de creer sólo en nosotros. Y para llegar a esta conclusión, en algo sí algunos teníais razón: no nos hacía falta estudiar tanto.

Artículo original.

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Acerca de Mainds

Mainds® es un pseudónimo y la firma personal de una actividad en rotulación a pincel (sign painting), dibujo publicitario y diseño gráfico que desarrollé durante mas de 10 años. Desde el 2006 escribo sobre temas que me inquietan y me interesan.
Esta entrada fue publicada en Despertar, Opinion y Debate, PARA QUE SEPAS, TEMA CALIENTE. Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a Creyentes

  1. Emma dijo:

    He aquí una traducción completamente revisada:

    Nos lo dijeron y nos lo tragamos. Los hijos de familia modesta nos creímos el anuncio de los JASP, hicimos carrera, nos diplomamos, licenciamos, postgraduados, cogimos aviones, nos remasterizamos. Éramos el orgullo de nuestro país. Descolgábamos el teléfono y ya teníamos trabajo, o ya habíamos cambiado de trabajo, o nos habían ofrecido otro. El orden de las cosas era el previsto, así nos lo habían dicho y así nos lo creímos, por los siglos de los siglos, amén. Los creyentes nos hicimos autónomos, alquilamos locales, reformamos pisos, brindamos con los amigos en restaurantes, pudimos comprar un par de lámparas en Vinçon, empezamos a tener hijos.

    El primer día que el teléfono no sonó, pensamos que era una ilusión acústica. Y una mañana que nos levantamos más crujidos que de costumbre buscamos un espejo: nuestra burbuja particular nos había estallado en la cara.

    La próxima cena de amigos es en un piso compartido, y ninguno bajamos los treinta y cinco. Cada uno pone un plato en la mesa, y ya nadie se cachondea de quien ha llevado la ensalada de lechuga. Mientras liamos picadura en los balcones, nos preguntamos unos a otros cómo te va, si todavía haces de esto o de lo otro, si sabes de alguien que necesite a alguien para hacer “lo que sea”. Porque ha llegado un punto que pedir hacer de lo que estudiamos nos parece un vicio de aburguesados, un exceso de pedantería que nos tenemos que hacer perdonar. O al menos eso nos quieren hacer creer: que quién nos hemos pensado que somos, que aún gracias, que ganarás el pan con sudor, parirás con dolor y, en fin: que se ha hecho justicia divina.

    Y así, la pareja de arquitectos del fondo ahora hacen camisetas y bolsas recicladas. El periodista, al cabo de veinte años, vuelve a dar clases de repaso después de dejar el pequeño en la guardería. La historiadora del arte puede hacer una celebración: el lunes comienza de cajera en Lidl. Los padres ya no nos preguntan nada cuando, el domingo, nos pasan los tuppers semanales. Estos padres crédulos y con estudios primarios que se deslomado para poder colgar un día, por cada hijo, una orla en el comedor. Porque quien decía una orla, decía un futuro.

    Al día siguiente, en una radio, un tertuliano vociferará: Privilegiados, consentidos, hijos de la democracia! En el periódico, un economista predicará el error de cálculo de querer abrir el baile a tantos bailadores y ahora, mira: licenciados en frustración que se nos han vuelto demasiado finos para doblar la espalda. Un consejero nos aleccionará que no podemos pretender culpar al sistema de nuestra desdicha laboral, si en su momento quisimos estudiar filología o filosofías o como sea que se llamen esas “mariconadas”. En el buzón, de nuevo, la propaganda de la universidad nos advertirá que, si no tenemos trabajo, es porque todavía nos faltaría otro máster. Buen intento, señores, pero las viejas inercias, lo de en “verdad os digo”, ya lo ha dado todo de sí, ya no cuela. De tanto que les hemos creído, tal ha sido el descrédito, que al final sólo nos dejan una opción: la de creer sólo en nosotros. Y para llegar a esta conclusión, en algo sí algunos teníais razón: no nos hacía falta estudiar tanto.

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